Las desigualdades regionales – El arco mediterráneo español

Todos los españoles recordaremos 2020 como el año en el que un virus
cambió nuestras vidas, en mayor o menor medida. Esto ha dependido de
nuestra situación personal y familiar, pero también de otros elementos tan
críticos como el hecho de desarrollar nuestra vida profesional en un sector
u otro, en una Comunidad autónoma u otra, etc.
La razón de comenzar estas líneas con un enfoque así es porque, a la
hora de hablar de desigualdades regionales, la cuestión central de esta obra,
lo que está claro es que la pandemia de este año 2020 ha puesto a prueba las
costuras de la cohesión social y territorial.
Como muy bien analiza el autor, estas desigualdades no son nuevas y
tienen raíces muy profundas en muchos casos. Sin embargo, la afectación y
la respuesta al azote del COVID-19 ha tenido desde el inicio un trasfondo
que supera lo que se pueda decir en términos agregados y de país. Quizás
la gran amenaza en el medio y largo plazo sea la posible ruptura de esa cohesión vertical y horizontal.
La salida airosa de una coyuntura así exige unidad, para que después,
cuando podamos decir que todo ha pasado, sea esa unidad y armonía la
que presida nuestras vidas, lejos de eventuales conflictos que no favorecen
el deseado desarrollo de nuestra sociedad y de la economía. La asimetría
no nos permitirá llegar con éxito al otro lado del túnel, y solo traerá pobreza y recelos.
La pregunta es cómo conjurar lo que puede ser el germen de un incremento de las desigualdades. Un problema de esta envergadura difícilmente
podrá solucionarse aplicando una sola receta, pero, como plantea el autor,
la más importante seguramente será la educación y la formación.